México en el Año de 1970

Por: Fósforos

¡Cuantas cruces se harán nuestros biznietos Cuando en la mano tomen los anales De este siglo. ¡Dirán: Fueron discretos Nuestros abuelos, cultos, teatrales: En charlar y escribir, hombres completos, En alabanza propia, sin iguales; Pero en medio de tantas perfecciones Fueron unos grandísimos bribones.
J.J. Mora

Don Próspero.- Es preciso confesar, sobrino mío, que los adelantamientos del siglo XX en todas materias son gigantescos; pero el que más me entusiasma y me hace concebir las mas lisonjeras esperanzas de que nuestra juventud causará una revolución brillante en las ciencias y artes, es que por fin los hombres se han convencido íntimamente de que la piedra filosofal para todas las empresas es que cada individuo se dedique exclusivamente a un solo ramo y trate de hacer en él cuantas reformas juzgue convenientes. El defecto má s pronunciado de nuestros mayores en los siglos 18 y 19 era el espíritu enciclopédico; y el que no podía dar su opinión sobre varias materias, no era tenido por sabio; lo cual, como debes suponer, sólo producía charlatanes, los más superficiales que pueden concebirse. Registra la mayor parte de los periódicos literarios de México del siglo pasado y los hallarás llenos (principalmente algunos que había de pane lucrando et stomacho deponendo) de artículos de ningún interés, regularmente de costumbres; pero ¡¡¡Qué costumbres!!!.. y necesitas echarte a nadar para hallar en ellos algún buen artículo científico o histórico. ¿Quién habrá muerto, que están doblando en todas las iglesias de México?

Ruperto. - El telégrafo eléctrico avisó esta mañana a las siete que ha muerto repentinamente, a las cinco y media de la misma mañana, el gobernador de las Californias, hombre muy apreciable por sus virtudes, su vasta instrucción y su laboriosidad. El presidente ha dispuesto se le haga un suntuoso funeral: se han preparado 120 globos para conducir las guarniciones militares de México, Puebla, Veracruz, Jalisco, Matamoros, Monterrey y Chihuahua al lugar de dicho funeral; y se han citado a los gobernadores y autoridades principales de todos los departamentos, para que estén a las diez del día de mañana en el palacio del difunto para que asistan a la función fúnebre que debe verificarse en la Catedral de la misma ciudad en que falleció.

Don Próspero.- Si no me perjudicase tanto el movimiento de los globos aerostáticos, iría al funeral; pero a los noventa años nada puede un pobre viejo y desgraciadamente es la edad en que se desea todo, aún con más ahínco que en la infancia.

Ruperto.- Pierda usted cuidado, tio, pues el presidente ha mandado que se grabe la vista de la comitiva del paseo fúnebre, en una lámina de daguerrotipo que tenga ocho varas de largo y seis de ancho, y que se coloque en un salón del palacio de Californias, pero sacándose otro igual que debe colocarse en las casas consistoriales de México, para que recuerde siempre a los gobernadores de este departamento que el buen porte produce siempre la estimación pública. Además se ha de publicar en los periódicos la descripción del funeral.

Don Próspero.- ¿Y los ministros concurrirán?

Ruperto.- Se dice que no; porque están muy disgustados con el presidente, y no quieren acompañarlo.

Don Próspero.- ¿De qué ha provenido esta incomodidad?

Ruperto.- De haberles circulado una orden para que den audiencia a todo el mundo dos horas antes del despacho; pues ha tenido repetidas quejas de que se encierran en sus gabinetes y no quieren oir las solicitudes de los que a ellos ocurren.

Don Próspero.- ¿No has sabido si por fin ha dado su consentimiento el ministro de comercio, para que se case su sobrina con Pedro Benan?

Ruperto.- Si le ha sucedido la aventura más graciosa. Como se había opuesto tanto a este matrimonio, el amante fue anoche a las doce y media a la casa del ministro y se robó a la sobrina llevándosela en un globo; cuando le avisaron de que estaba montando en el globo salió corriendo; pero ya el aerostático había subido más de cincuenta varas, y ella desde el carro saludaba burlescamente a su tio (1): éste, furioso, corrió a tomar su globo para alcanzar a los amantes; pero ¡cuál fue su sorpresa al encontrarlo desinflado! pues la astuta sobrina había tenido cuidado de darle sus buenas cortadas. He oído decir que van a casarse en Roma.

Don Próspero.- Dice bien el proverbio: que la desgracia nunca viene sola; este hombre que ha perdido su reputación acaba de perder el caudal que a su sobrina le dejó su padre; pues quería casarla con su hijo.

Ruperto.- ¿Por qué dice usted que ha perdido su reputación?

Don Próspero.- Porque el Diario de la oposición de ayer ha dicho que es socio secreto de la Compañía de compra de vales; y el presidente ha mandado que se entable un juicio formal para averiguarlo. Dos de los redactores del Diario han estado aquí anoche y me han dicho que tienen pruebas irrefragables; me han impuesto del negocio, y juzgo imposible que el bribonzuelo pueda sincerarse.

Ruperto.- ¿Y qué pena debe sufrir?

Don Próspero.- Si queda plenamente probado el delito, la de muerte. Te parecerá muy rígida; pero solamente así se ha conseguido desterrar el infame abuso de que los que tienen el poder comercien vilmente con él. Hace muchos años que ni aún se oye hablar en México de estos desórdenes; y hoy es preciso ver que la justicia no tiene miramientos con nadie, sino que al contrario, los hombres públicos son los que deben tratarse con un rigor más implacable cuando delinquen.

Ruperto.-¿Qué caudal tendrá más o menos?

Don Próspero. - Antes de entrar al ministerio, cinco años ha, tenía sesenta mil pesos, hoy tiene más de trescientos mil, además de lo que ha gastado, pues es hombre que se trata muy bien. Entre otras cosas de gusto posee una colección de treinta mil monedas sacadas al electrotipo: le ha costado más de sesenta mil pesos; es una de las mejores del mundo, y hace un siglo se hubiera valuado en dos millones. Es uno de los cuatro accionistas del teatro de la calle de Bucareli.

Ruperto.- ¿De cuál, del que está en la esquina de la calle de la Acordada, o el de cerca de la Ciudadela?

Don Próspero.- Del segundo, que es una mina inagotable para los empresarios: según he oído decir, han tenido entrada de seis mil pesos el domingo pasado; pues como por allí hasta Tacubaya viven tantos artesanos extranjeros, y la compañía francesa está compuesta de los mejores actores franceses que hay en Europa, el teatro siempre está pleno.

Ruperto.- Me han dicho que esta Compañía está ya ajustada para Orleans.

Don Próspero.- Si pero deberá venir de Orleans los lunes y jueves; y las demás noches dará óperas la segunda compañía de Milán; en fin, creo que con el tiempo este teatro llegará a ser el tercero o segundo de México. Si uno de nuestro seudo hombres grandes del siglo pasado, resucitara y viera en México 22 teatros, 43 bibliotecas, 164 institutos literarios, 32 hospitales; en fin, si viera 800,000 habitantes disfrutar de libertad, de salubridad y de una paz en la ciudad más hermosa de la América, pediría se le volviese inmediatamente al sepulcro por temor de encontrarse por todas partes con la maldición de los hombres.

(1) Parece ridículo decir que á las doce y media de la noche la sobrina saludase a su tio a 50 varas de distancia y, que él la viese; pero esto alude a un proyecto que tiene en París un francés, y es: producir una luz tal y colocada de modo que desempeñe perfectamente en la noche las funciones de sol en cuanto a luz. Parece descabellado a primera vista el proyecto; pero no lo es, pues lo primero casi se ha logrado dirigiendo una corriente de hidrógeno bicarbonado inflamada sobre cal viva: la luz que resulta es tan intensa que a trescientas varas de distancia se puede leer una carta. La dificultad, pues, de producir el rayo solar (así llama su autor a su feliz pensamiento) consiste en colocar el aparato que da la luz a una altura en que sin dañar demasiado la vista de los que están cerca de él, pueda alumbrar a grandes distancias. Como antes dijimos, el proyecto no nos parece desatinado, y creemos que si su autor imita a Daguerre en su asidua laboriosidad, llegará a ver coronados sus esfuerzos.