Un Dios para Cordelia

Malú Huacuja del Toro
Un Dios para Cordelia.
Grijalbo
México, 1995.

La historia de dos mujeres: una famosa cantante, Cordelia, incapaz siquiera de entonar, y su doble Iris. Habitan un mundo en donde a los Dioses los crean los hombres; nunca al revés. Estos Dioses existen en un mundo que invade un Dios Impostor -arribista y sibilino-, quien reinventa el cielo a imagen y semejanza del infierno -ahí viven los hombres- y que el primer día crea el pavimento, el segundo los embotellamientos, y así la contaminación y etcétera: el caótico y corrupto mundo de una ciudad como la de México. Este Dios Impostor acaba con la fascinación en que vivían los otros Dioses; provoca luchas intestinas, y acaba por dar forma humana a todos los habitantes del antiguo panteón.

Los Dioses pierden sus características originales y acaban por permitir -como los hombres- que un tirano imbécil, carente de imaginación, los manipule.

Un Dios del tiempo -en tránsito hacia su inevitable humanización- deviene narrador y con paciencia dolorosa teje la urdimbre donde las historias de Cordelia e Iris, y la suya propia, se insertan en ese "mundo de los hombres", sobrepoblado e ingobernable, apocalíptico.

Más allá de las propuestas "light" o "heavy" que sofocan la oferta literaria mexicana, Un Dios para Cordelia nos recuerda que sólo hay dos literaturas: la buena y la mala; y que hay mucho de gratificante cuando el lector se topa con una novela en donde a la bondad de su propuesta se suma la condición de novela de culto instantáneo; crisol de ánimos y desventuras, pesares, de una generación que hoy vive y padece la impredecible, pero aún fascinante, aventura de la existencia. Novela crepuscular, apuesta renovada sin concesiones: experiencia memorable.