Cristóbal Nonato

Carlos Fuentes
Cristóbal Nonato.
Fondo de Cultura Económica
México, 1988.

Tan extensa como variada, la obra narrativa de Carlos Fuentes no ha querido desprenderse de algunas presencias que lo recorren secretamente. En efecto, toda ella está habitada por ciertas formas cosmológicas de un México perdido para siempre y que, pese a todo, se resiste a morir, formas que se manifiestan como un misterio, como un reflejo del pasado prehispánico. Al mismo tiempo, las narraciones de Fuentes reconocen como sus marcos los de una estructura social al parecer inmutable, la del siglo XX mexicano, de las viejas familias criollas y de la nueva clase revolucionaria, la de los sectores medios acomodados que luchan por mantener sus prebendas y la de las grandes masas que conforman el otro México, el marginal y subterráneo.

De la tensión que resulta del encuentro de ambos mundos, del rechazo y la atracción que lo antiguo y lo moderno sienten mutuamente, ha surgido una de las obras más significativas de la actual literatura latinoamericana. Una obra que, sustentada en aquellas constantes, no se ha fatigado al explorar diversos universos narrativos -variadas modulaciones y nuevas modalidades.

La acción, digamos lineal, de Cristóbal Nonato, con la que se entrecruzan mil y una más, se desarrolla en el México de 1992, después del desastre de 1990. Para esta fecha se han cumplido todas las predicciones catastrofistas que pesaban sobre el país: una lluvia ácida y negra cae sobre Makesicko City, la urbe más poblada y más contaminada. Sin embargo, los mecanismos de control político perduran, y la manipulación -todo debe cambiar para que todo permanezca-, mantiene a las masas infinitas enajenadas en toda suerte de festejos y concursos. Uno de ellos da pie al inicio de la novela: el premio a la pareja cuyo hijo nazca en el primer minuto del 12 de octubre, aniversario del quinto centenario del descubrimiento de América. Ángel y Ángeles deciden concursar, y los nueve meses de gestación de Cristóbal Nonato -consciente y monologante desde antes de su nacimiento- sirven de telón de fondo para un recorrido en el que el arte narrativo no olvida los méritos del sarcasmo cruel, de la ironía tierna ni de un humorismo que nos lleva, finalmente, a reírnos de nosotros mismos.

En síntesis, Cristóbal Nonato -novela que, como un réquiem, cierra un ciclo iniciado con La región más transparente- es, en el gran fresco que ha realizado Carlos Fuentes, la obra a la que corresponde el lugar de la experimentación con el tiempo, con el lenguaje, con la imaginación desmedida: la obra, por llamarla de algún modo, de vanguardia dentro de la tradición.