Dick Rip

Por: José Luis Zárate

Hay una especie de contradicción en celebrar un deceso. ¿qué se hace entonces? ¿comprar un pastel de chocolate rectangular sin adornos y prender velitas de cumpleaños como cirios?

Bien se puede tomar un vaso de ron y encender un cigarrillo, por que eso es lo que le gustaría al decedido, ausente, muerto, desaparecido, pasto de gusanos, alimento de raicitas.

Un trago y, de ser posible, una anfetamina.

Brindis quimico-nostálgico por alguien que no conocí y a la vez siento que conozco íntimamente.

Un poco de tristeza para quien no me conoció y al parecer me comprendía como jamás he logrado comprenderme.

Hay mañanas en las que uno puede creer que hay dioses con delirios de grandeza a los cuales les ha salido mal el universo por haberlo hecho en siete días.

Un poco de silencio por quien comprendió que la ausencia de Dios puede ser menos problema que la existencia de un Dios de baja categoría.

Phillip K. Dick ha muerto, por supuesto, y es una noticia que ya tiene años de repetirse.

Bueno, todos mueren, como lo dijo en sus libros, y no por ello va a convertirse en una buena noticia.

Morirse puede ser muy mala idea.
Ni quien lo dude.

Gurú a deshoras, profeta en retrospectiva, guía espiritual a infiernos subjetivos. Phillip K. se ha ido convirtiendo en un símbolo-rubick. imagen de mil colores cuya lógica es difícil de concebir.

Símbolo-roschach, su vida una mancha de tinta que puede ser leída como a uno le agrade (o no le agrade, a escoger).

Hombre en el límite y hombre límite. Suicida salvado por una barra de chocolate, paranoico al que de verdad perseguían, su vida una novela escrita por alguien que, por desgracia, no tenía la fineza de Dick para los contrastes.

Un hombre que convirtió su vida en una obra, páginas escritas con sus propios fantasmas y alguna que otra entraña sangrante expuesta sin un motivo muy claro.

Hay quién leía el designio de los dioses en las entrañas del sacrificio.

¿Cual su propósito, la directriz secreta, la trama invisible?
¿cómo saberlo si ésta muerto?
¿Y que importa?

Como los personajes de Ubick, está y no está, en semivida.

Semivida empastada, encuadernada, impresa en donde dioses deficientes lo hojean para descubrir sus secretos.

Lo torturan con interpretaciones.

"Yo Soy El Que Soy" nada más. Alguien que comprendía que amar puede ser tan peligroso como buscar el rostro de Dios, y quien adoró gatos y dijo algunas verdades en seco que siempre en bueno saber.

Hombre cuya obra tiene algunos finales felices desgarradores, e historias que sólo pueden acabar en puntos suspensivos.

Pero ¿tristeza y un cigarro por un autor muerto?

Todos los días se están muriendo. Es triste comprobar que nuestros libreros se están llenando de cadáveres.

Si el mundo pudiera marchar hacia atrás, si los muertos revivieran -- no recién nacidos, sino antiguos nacidos -- regresando a la tumba y rasgando con dedos manchados de tierra soledades que ellos mismos crearon con su ausencia.

Pero ¿solucionaría algo? Somos hombres débiles y Dick ha escrito de nosotros, los que perdemos a cada rato, los que a pesar de vivir en mundos alternativos siempre escogemos la peor opción, seres atrapados en vidas y rutinas que nos conducen a maravillas oscuras que van a hacernos peor nuestra vidas débiles. El universo Dick es un vendaval en un mundo poblado por vidas como velas.

Pero no hay golpes de pecho, lagrimeo a priori. Perdemos una y otra vez y hay veces en que los errores son tan grandiosos que pueden ser épicos.

La victoria de la derrota, la aventura de la rutina, la verdad implícita del engaño. Temas escritos con pasión adivinada en traducciones apresuradas, imágenes diluidas que no han perdido fuerza.