Las Herederas Estelares de la Pequeña Lulú

Por: Libia Brenda Castro

El asesinato serial o sexual, como el fetichismo,
es una perversión de la inteligencia masculina.
Es una abstracción criminal en su enloquecido egoísmo y particular orden.
Es el equivalente no social de la filosofía, las matemáticas o la música.
No hay un Mozart mujer porque tampoco hay un Jack el Destripador femenino.
Camille Paglia

Lo primero que pensé cuando se me ocurrió escribir algo acerca de las mujeres y la Ciencia Ficción en México fue pero si no hay, mujeres que escriban CF, quiero decir. Y es lo primero que alguien dice cuando otro alguien habla del tema, mujeres en la ciencia ficción mexicana ¿cuáles?. Bueno, pues las hay.

Pioneras.

En este país la Ciencia Ficción se escribe por gusto y por cariño, por más nada, la cuestión es ¿por qué hay más hombres que mujeres amantes de la CF?, misterio insondable de la vida. Afortunadamente hay algunas que se salvan del desamor, ya desde principios de siglo hay un par de escritoras que abordan el género; y en los 60s empiezan a incursionar en él mujeres como Beatriz Castillo Ledón, Eglantina Ochoa Sandoval y algunas otras otras, el problema es que su aportación fue breve, apenas la publicación de un cuento y casi ningún dato sobre ellas. Manou Dornbierer, una de las más importantes, publica en 1970 su libro de cuentos Después de Samarkanda; es en los setentas cuando aparecen las féminas de manera más contundente, y es, por cierto, la década en que El Chino Chavarría y Schwartz empiezan a sabotear -afortunadamente- las revistas de ovnis :-). En esta década publican también Marcela del Río, Proceso a Faubritten (1972), María Elvira Ramírez N. (1974), y Olivia Rodríguez Lobato (1974).

Premios.

Todos conocemos el Premio Puebla (Premio de Cuento Fantástico y de Ciencia Ficción, actualmente), lo que casi nadie sabe es que existe gracias a una mujer: Celine Armenta. En 1984 ella tiene la brillante idea, como directora del COECyT (Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología), de proponerle a la Secretaría de cultura del Estado de Puebla la creación del premio y taraan, la revista del CONACyT publicó durante más de diez años cuentos de Ciencia Ficción mexicana.

Acerca del premio Puebla y las mujeres hay bastante de qué hablar, lo han obtenido -hasta ahora-, tres intrépidas chicas cienciaficcioneras: Gabriela Rábago Palafox, Pandemia 1988; Isabel Velásquez Olivier, Manco a orillas del Floss, 1990 y Olga Fresnillo en 1992 con Feliz Advenimiento. Además, desde la primera emisión del premio varias de las menciones honoríficas han sido obtenidas por mujeres, en el 84 hubo cuatro: Ligia Ochoa Leyzaola por su cuento El enigmático pero sondeable misterio del cuento al cuadrado del hombre araña (yo le habría dado el premio sólo por el título ;-)); Luz Estrella Zumaeta, Sin título; El experimento de Dalia Olivares y Tríptico de Lilia R. Corcorán. En 1985 le dieron el premio a Chavarría (por un pelito de rana), pero casi lo gana Adriana Rojas Córdoba con el cuento Orquídeas, que obtuvo mención especial; por otro lado hay una historia extraña que corre por ahí, dice que ella no escribió ese cuento, sino su novio, pero a nosotros nada nos consta. En 1986 Gabriela Rábago obtuvo una mención (dos años antes de ganar ella misma el premio), con el cuento Resurrección; ese año Carlos Chimal decidió, como parte del jurado, declarar el premio desierto porque los textos parecían plagios de historias gringas (¿?). Y Ana María Vargas obtuvo una mención en 1990, el año que una mujer obtuvo el premio por segunda vez. Están también Julieta Flores Michel, Claudia Argelia González y Elisa Carlos. El Instituto Politécnico Nacional convocó, en tres ocasiones, al Certamen de Cuentos de Ciencia Ficción y en el segundo certamen 1991, Yuriria Ocaña Espinoza de los Monteros gana el primer lugar.

Eso con respecto a los premios especializados en el género, por el momento el premio Kalpa no lo ha obtenido ninguna mujer.

Publicaciones.

Normalmente las revistas que no hablan de cuestiones hogareñas, domésticas o eminentemente femeninas, son comandadas e invadidas por individuos del sexo masculino, en el caso de las revistas que publican géneros literarios parecen a veces el club de Toby; por fortuna la pequeña Lulú es buena saboteadora. Una de las revistas con más importancia es la revista Ciencia y Desarrollo, todos los cuentos -también escritos por mujeres, desde luego-, que obtuvieron una mención en el premio Puebla, o el premio mismo fueron publicados en este órgano de difusión predominantemente científica. Merecen atención especial las revistas Umbrales y Asimov; Federico Schaffler (director de Umbrales), fue el primero en llevar a cabo la tarea de publicar una revista mexicana de Ciencia Ficción originalmente escrita en español, y la mayoría de su material provenía de manos masculinas, afortunadamente Schaffler no dejó escapar la oportunidad de diversificarse y publica una buena parte del material escrito por chavas, a finales de los ochentas y principios de los noventas, material tomado en parte del premio Puebla y en parte del taller de la Irreal Sociedad del Zapato Verde, de donde surgen nombres como el de Lola Parra y Gina Arrambide, con material publicado en la antología Natal: 20 visiones de Monterrey (1993). La revista Asimov, por su parte, cuenta con una larga trayectoria y gracias a Salomón Bazbaz, Aldo Alba y la propia Blanca Martínez, han publicado una larga lista de autoras mexicanas, cuentos, microcuentos e incluso cuentos escritos por niñas (y por niños, la revista tiene una sección muy cool que se llama, precisamente, cienciaficcioniños). Están por ejemplo Martha Camacho, escritora de CF dura y su hija de 8 años Ana Elisa Estrada, que publicó en esta revista un microcuento que habla sobre lo que son en realidad los fantasmas. Están también Marisol Medina, Smirna Montes y Ariadne Domínguez. Laberinto, un fanzine producido en Guadalajara, es de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror; según sé, la única mujer que escribe CF allí es Irma Amézquita. Aunque hay un dato muy importante, este fanzine lo dirige Laura Michel -quien escribe fantasía-, de modo que la labor se reconoce. En Fractalzine apareció durante un tiempo El Iconoclasta, seudónimo de Ana María Ramírez Fernández.

El buen Schaffler merece además otro crédito: Más Allá de lo Imaginado I, II y III; estos tres libros fueron editados por el Fondo Editorial Tierra Adentro y en ellos vienen muchas de las autoras ya mencionadas, y que fueron publicadas, antes o después de ser incluidas en las antologías y en las revistas ya enlistadas.

Extranjeras.

Están también quienes no nacieron en este país, pero han hecho aquí gran parte de su carrera literaria dentro de la vena alternativa. Está por ejemplo Blanca Martínez (historiadora), una de las autoras más prolíficas, nació en España, lleva viviendo aquí un buen rato y la mayoría de su producción ha sido publicada en México, es parte del consejo editorial de la revista Asimov Ciencia Ficción en Español y publicó en 1997 la space opera La era de los Clones (novela); es además entusiasta promotora y difusora de todos los asuntos relacionados con los géneros alternativos de la literatura, y publicó en la ya mítica revista Nueva Dimensión. Natalia Malinkó, por su parte, es rusa y lleva viviendo en México un tiempo también, ella obtuvo en 1997 y en 1998 mención honorífica en el premio Puebla, el último año con el cuento Fábrica de Genios, ha publicado en revistas como A Quien Corresponda.

Dispersas.

Están también nombres que no pertenecen a ningún premio o revista específica, mujeres que han publicado cuentos, antologías o novelas de Ciencia Ficción aleatoriamente y en diferentes partes, o escritoras que se dedican básicamente a la literatura de la corriente principal y que han sucumbido a la pasión por la CF, nombres como los de Ilyia Cazes Sancho; Carla Irene Armendáriz; Cecilia Pego; Marcela del Río; Claudia Sánchez Arce; Ana Verónica Sáenz; Irene Gutiérrez Arias, El mensaje de fobos (novela, 1964); Laura Paz Luna, Puerta a las Estrellas (cuento, 1990); Gina Arrambide, MADLI III (1994); María Luisa Erreguerena Los Precursores (1995) y Lo que fue de Mí (1996); Laura Esquivel (quien pertenece a la serie de autoras que escriben novela rosa para intelectuales), La Ley del Amor (novela, 1996); Malú Huacuja Del Toro, Herejía contra el Ciberespacio (novela, 1999) y Claudia Sánchez Arce, que publicó en 1993 el libro de ensayo sobre Ciencia Ficción Los Temas de la Ciencia Ficción en Trafalgar.

Radical.

Gerardo Horacio Porcayo dijo alguna vez que en México la Ciencia Ficción que se produce tiene una constante, es una literatura más bien pesimista; desde Sor Juana muchas mujeres han sido marcadas por su manera de pensar y/o de escribir, no siempre de manera negativa, por fortuna. Gabriela Rábago Palafox (México D.F., 30 de junio de 1950-1996), merece aquí un apartado especial; fue poeta, dramaturga, periodista, novelista, profesora, guionista de televisión, becaria del Centro Nacional de Escritores y una de las intelectuales más reconocidas a nivel nacional por su impecable estilo literario, y lo más importante, fue una de las escritoras más radicales, no sólo dentro de la Ciencia Ficción, aunque su labor en este terreno sigue siendo muy importante, su cuento Pandemia es un buen ejemplo. Gabriela escribió sobre cuestiones que eran escabrosas para muchos, planteó temas como el sida y la religión que abordó de forma cruda, realista y sí, seguramente pesimista.

Presencia.

Finalmente la conclusión que se puede sacar de esto es que, efectivamente, hay muchas escritoras y seguidoras de la Ciencia Ficción en México. Es cierto que la cantidad -en comparación con el número de hombres-, es bastante menor, pero es muy probable que haya muchas entusiastas que no están enlistadas aquí y ahora mismo están escribiendo alguna gran obra. La cita de Paglia al principio de este texto, es una especie de verdad aplicable a casi cualquier ámbito, es cierto que casi siempre destacan más los hombres, en las artes, las ciencias, la política, la historia... es probable que sea cierto eso de que vivimos en un mundo de hombres, al menos en un 50 %, sin embargo las mujeres son el otro 50% y las que han destacado tienen siempre un lugar especial, ya sea por su papel protagónico o por su cercanía. Esto no es, ni mucho menos, una apología feminista, me llama la atención la ausencia-presencia de mujeres en muchos de los terrenos, insisto, el hecho de que haya muy pocas aficionadas a la CF que además la produzcan es un misterio hasta ahora irresoluble para mi pobre cerebro. Pero confío en que aumenten las filas de autoras, después de todo el negocio no es exclusivista ¿eh?, además la visión femenina de las cosas es siempre interesante. De modo que sólo nos resta trabajar en el asunto, para que haya cada vez más chavas que ganen premios, escriban cuentos, novelas, guiones, y contribuyan al bagaje literario de una de las cosas buenas de esta vida: la Ciencia Ficción.