Ciencia Ficción Mexicana

Por: José Luis Ramírez

1. Definición

Ciencia ficción, toda disertación en libros, revistas, películas, televisión, discos compactos y otros medios, de los efectos que pueden tener la ciencia o los eventos futuros en los seres humanos. La ciencia ficción trata con eventos que no sucedieron, pueden haber sucedido o no han sucedido aún; considera estos eventos de manera racional y se enfoca al impacto que producen los cambios en las personas. Los temas más comunes en la ciencia ficción incluyen el futuro, viajes a través del espacio o tiempo, la vida en otros planetas y crisis creadas por la tecnología o por criaturas extraterrestres y sus entornos.

2. Protociencia ficción

Los temas de la ciencia ficción han sido utilizados en la literatura desde tiempos inmemoriales. La épica de Gilgamesh por ejemplo, trata acerca de la búsqueda del conocimiento absoluto, el mito griego de Dédalo aborda la posibilidad técnica de volar y La Verdadera Historia de Luciano de Samosata trata acerca del viaje espacial a la luna. De igual modo, la literatura clásica y posteriormente la literatura del Siglo XIV, particularmente Sir John Mandeville, abordan el tema de los viajes imaginarios y las historias acerca de seres extraños que habitan en tierras distantes.

Ya en el siglo XVII, personalidades como Francis Godwin, Cyrano de Bergerac y Johannes Kepler, escribieron sobre viajes espaciales a la luna; y es sobre este tema, precisamente, que trata el primer cuento de ciencia ficción mexicana: Sizigias y cuadraturas lunares de Manuel Antonio de Rivas, escrito en el año de 1775 en la península de Yucatán, México.

Otro tema recurrente en la ciencia ficción, la estructura de mejores sociedades o mundos mejores, data al menos del Siglo IV a. C. con La república, de Platón, tema que Sir Thomas More retoma en Utopía (1516). También, Francis Bacon describe un mundo mejor en su libro La nueva Atlántida (1627); y es este tema, la utopía, el que aborda la primera novela de ciencia ficción mexicana, Eugenia (1919) escrita por Eduardo Urzáiz Rodríguez.

Sin embargo, es claro que la ciencia ficción no se reconoce como tal, al menos no en su forma actual, sino hasta los cambios sociales de principios de la revolución industrial, con la novela gótica, específicamente Frankenstein (1818) de Mary Shelley, que fue la primera novela en conjuntar los elementos característicos de la ciencia ficción: especulación científica y una búsqueda por la definición del hombre. Por lo mismo, se denomina a todo trabajo anterior a la novela de Shelley, que presente estos elementos, Protociencia ficción; y es con esta etiqueta, que se podría denotar a autores mexicanos como: Sebastián Camacho Zulueta, Juan Nepomuceno Adorno, Pedro Castera y José María Barrios de los Ríos.(1)

Con todo, no se reconoce una primera figura en la ciencia ficción sino hasta el escritor francés Jules Verne, quien manejó distintos temas, incluidos la geología y la exploración en Voyage au Centre de la Terre (1864), el viaje espacial en De la Terre à la Lune (1865) y el viaje submarino en Vingt Mille Lieues sous les Mers (1870); y no es sino hasta finales del Siglo XIX, que aparece en escena el autor británico H. G. Wells, quien se convierte en el primer escritor importante de ciencia ficción en inglés.

Wells, más interesado en Biología Evolutiva que en otras ciencias y más preocupado acerca de las consecuencias sociales de una invención científica que en la invención misma; vio crecer rápidamente su reputación como autor una vez que publicó The Time Machine (1895); libro al que siguieron: The Island of Dr. Moreau (1896), The Invisible Man (1897), The War of the Worlds (1898), When the Sleeper Wakes (1899) y The First Men in the Moon (1901).

Por Wells, justamente, es que el autor nayarita Amado Nervo se convierte en el primer escritor mexicano con material suficiente para reunir una antología. Nervo, quien cultivó, además del cuento, la poesía de ciencia ficción y el ensayo sobre literatura fantástica y divulgación científica, comenzó a publicar cuentos de ciencia ficción como: La última guerra, Los congelados, El sexto sentido y Dentro de cincuenta años: Diálogos hipotéticos entre otros; además de los poemas: Yo estaba en el espacio y El gran viaje muchos de estos, bajo el seudónimo de Natalis, en el semanario El Mundo (1898).

3. Novelas de ciencia ficción mexicana.(2)

Es durante la primera mitad del Siglo XX, que distintos autores ingleses comenzaron a publicar novelas de ciencia ficción, aunque de todos, resaltan por su éxito y posterior influencia: Brave New World (1932) de Aldous Huxley y Nineteen Eighty-Four (1949) de George Orwell, además del trabajo del escritor británico Arthur C. Clarke, autor de Childhood's End (1953). En este mismo lapso de tiempo, se publican en México, de Rafael Bernal: Su nombre era Muerte (1947) y de Diego Cañedo: El referí cuenta nueve (1943), Palamás, Echevete y yo (1945), La noche anuncia el día (1947) e Isolda o el misterio de las gafas verdes (1952).

También durante la primera mitad del Siglo XX, y sobre todo, a principios de los años 50s, fue que comenzó a publicarse ciencia ficción en los Estados Unidos y que se volvió popular. En la opinión de muchos críticos, uno de los más notables escritores estadounidenses, que combinaba una dura extrapolación científica con el arte narrativo, fue Robert Heinlein, autor de obras como: The Green Hills of Earth (1951) y Stranger in a Strange Land (1961). Otros autores estadounidenses ampliamente conocidos incluyen a Isaac Asimov, autor que se caracterizó por hacer muy accesible la ciencia y escribió, entre muchos otros, The Caves of Steel (1953) y Ray Bradbury, autor de: The Martian Chronicles (1950) y Fahrenheit 451 (1953). Fueron estos autores, Asimov, Bradbury, Heinlein y Clarke, además de Philip K. Dick, autor de The Man in the High Castle (1962) y Ursula K. Le Guin, autora de The Left Hand of Darkness (1969), quienes más tarde influirían de manera notable en la ciencia ficción mexicana.

De los autores mexicanos que en esta época se destacan son: Carlos Olvera, con Mejicanos en el espacio (1968); Edmundo Domínguez Aragonés, autor de Argón 13 inicia (1971) y Marcela del Río, quien escribió Proceso a Faubritten (1976). También, son importantes los trabajos de: Arturo César Rojas, autor de Xxyëröddny, donde el gran sueño se enraíza (1983) y Gonzalo Martré, autor de las antologías: Dime con quién andas y te diré quien herpes (1985), Apenas seda azul (1987) y La emoción que paraliza el corazón (1994).

Otros autores mexicanos de ciencia ficción son: Gabriel González Meléndez, Los mismos grados más lejos del centro (1990); Hugo Hiriart, La destrucción de todas las cosas (1991); Ricardo Guzmán Wolffer, Que dios se apiade de todos nosotros (1993); Héctor Chavarría, Adamas (1995), Blanca Martínez, La Era de los Clones (1997) y Gabriel Trujillo, Espantapájaros (1999).(3)

4. Revistas de ciencia ficción mexicana

La mayoría de los autores de ciencia ficción han publicado su trabajo en revistas.

Esto se debe, en principio, a una tradición creada por las publicaciones de distribución masiva establecidas en los Estados Unidos a principios del Siglo XIX, o Pulp Fiction, revistas donde se publicaban historias de romance y aventuras, como las escritas por Edgar Rice Burroughs y Garret P. Serviss. Más tarde, Hugo Gernsback, fundó la primera revista especializada en ciencia ficción: Amazing Stories (1926), revista con la que nació también una nueva forma de escritura bautizada por Gernsback como: Scientifiction, nombre que en 1929, cambió al de Science Fiction.

Posteriormente, en 1937, comenzó a publicarse en Estados Unidos un nuevo tipo de ciencia ficción. Esto ocurrió cuando John Wood Campbell, Jr. se convirtió en editor de Astounding Stories. Como autor, especialmente bajo el seudónimo de Don A. Stuart, Campbell añadió emoción y caracterización a los aspectos meramente técnicos y proféticos que definían hasta ese momento a los personajes de ciencia ficción. Campbell, influenció a otros escritores a producir ciencia ficción de méritos literarios y ayudó a iniciar lo que se convertiría posteriormente en la edad de oro de la ciencia ficción.

En México, las primeras revistas de ciencia ficción tales como Emoción (1934) dirigida por Alfredo García L. P. se formaron de la recopilación de cuentos extranjeros primero, y posteriormente, revistas como: Los cuentos fantásticos (1948) y Enigmas (1955) de Bernardino Díaz, resultaron en versiones traducidas de las revistas americanas: Famous Fantastic Mysteries, Startling Stories y Fantastic Story Magazine.

Revistas posteriores como Galaxy Science Fiction (1950) de Horace Leonard Gold y Fantasy and Science Fiction (1949) de los editores Anthony Boucher y Jesse Francis McComas, publicada en México por Editorial Novaro como Ciencia y Fantasía (1957), enfatizaron aún más su preocupación literaria, psicológica y social que el contenido científico. Lo que enfrentó directamente a la ciencia ficción con otras expresiones de la literatura.

Más tarde, y de aspecto meramente experimental más que de ciencia ficción, aparece en México la revista Crononauta (1964) de Alejandro Jodorowsky y René Rebetez, que se anuncia a sí misma como Revista Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía y es, quizás, la primera en publicar sólo textos escritos originalmente en español y por autores de habla hispana, muchos de ellos mexicanos; con ilustraciones de José Luis Cuevas y Enrique Bessonart, la revista publicó tan sólo dos ejemplares.

A mediados de los años 60s, la ciencia ficción se redefinió y enfocó a los valores humanos y técnicas experimentales de la literatura. Denominado como New Wave, esta corriente de la ciencia ficción llegó al público lector a través de la revista inglesa New Worlds creada por los escritores británicos Brian Aldiss y James Ballard y el escritor americano Harlan Ellison. Sus textos se enfocaron más en el futuro cercano y los autores de esta corriente New Wave prefirieron denotar su trabajo como Speculative Fiction, un ejemplo de este tipo de trabajo es: The Infinity Box (1975) de Kate Wilhelm y las antologías de textos originales de distintos autores de la época, conocidas como Dangerous Visions (1967) y dirigidas por el mismo Ellison. En México, se distribuyó durante esta época la revista española Nueva dimensión (1968) y se publicó también la revista Espacio (1977) de Carlos Jaumá Guix.

No es sino hasta las décadas de los 80s y 90s, que comienza a publicarse ciencia ficción mexicana en forma periódica, primero en las páginas de la revista Ciencia y desarrollo (1970) y posteriormente en la revista Umbrales (1992), dirigida por el autor y editor Federico Schaffler. Fueron estos espacios, los que consolidaron el actual movimiento de ciencia ficción mexicana, cuyo trabajo queda sintetizado en los tres volúmenes de la antología: Más allá de lo imaginado (1991-1993), dirigidas por el mismo Schaffler.

A mediados de la década de los 80s, se desarrolló una nueva corriente dentro de la ciencia ficción, conocida como literatura cyberpunk, misma que en México, tiene un despliegue importante de títulos y autores a mediados de los 90s.

Caracterizada por sus escenarios decentralizados, dominados por la tecnología y su énfasis en eventos complejos así como en los detalles tecnológicos, la literatura cyberpunk apareció por primera vez en historias cortas publicadas en revistas estadounidenses como Omni (1978) y Asimov's Science Fiction (1977), de la cual se publica en México: Asimov, ciencia ficción en español (1994). La primera novela cyberpunk es Neuromancer (1984) del autor William Gibson, quien también escribió las novelas: Count Zero (1986), Mona Lisa Overdrive (1988), Virtual Light (1993) e Idoru (1997) todas de corte cyberpunk. Otros escritores de este movimiento incluyen a Bruce Sterling, autor de: Schismatrix (1985) e Islands in the Net (1988); John Shirley, autor de Eclipse (1985) y Pat Cadigan, autora de Fools (1992). En México, aparecieron: La primera calle de la soledad (1992) de Gerardo Horacio Porcayo y Ruido Gris (1996) de Pepe Rojo. Además de las antologías: Silicio en la memoria (1997) de Gerardo Porcayo y Cuentos compactos - cyberpunk (1997) de José Luis Ramírez.

5. Películas de ciencia ficción en México

La ciencia ficción es un tema que ha apasionado a los cineastas desde el comienzo de la cinematografía. La mayoría de las películas de ciencia ficción a nivel mundial han sido adaptaciones de obras literarias de ciencia ficción o de tiras cómicas.

A diferencia de la literatura de ciencia ficción, el cine de ciencia ficción trató, hasta la década de los 70s, sobre criaturas de formas diversas, lo que dio origen a una nueva categoría de películas denotada como Monsters Movies. Las películas de ciencia ficción caracterizaban alienígenas, criaturas mutantes, o humanos sin alma, entre muchos otros melodramas de caracteres especializados.

Los temas más comunes de las películas de ciencia ficción son: los errores de los científicos, la unión de países en contra de monstruos invasores del espacio exterior, la hostilidad sin razón de las personas en contra de seres extraterrestres y los aspectos malévolos de la tecnología.

La primera película en tratar el tema, de una manera mucho más fantástica que de ciencia ficción, fue Le voyage dans la lune (1902), del mago y cineasta francés Georges Méilès. Posteriormente, la compañía productora de películas de Thomas Alva Edison, produjo A Trip to Mars (1910). Mientras que los primeros cineastas alemanes produjeron películas que dejaron una clara influencia de lo que culminaría con obras expresionistas como: The Cabinet of Dr. Caligari (1919), de Robert Wiene y Metropolis (1926) de Fritz Lang.

Posteriormente, se produjeron en Estados Unidos, durante la década de los 30s, notables sagas basadas en las tiras cómicas de Flash Gordon y Buck Rogers, además de: The Invisible Man (1936). En Inglaterra, se produjo Things To Come (1936), una ambiciosa película que trataba el tema de la tecnocracia utópica; el guión cinematográfico fue escrito por Wells, autor de la novela The Shape of Things to Come (1933), novela de la cual se hizo la adaptación.

En México, la primera película de ciencia ficción fue El Moderno Barba Azul (1946) del cineasta Jaime Salvador y protagonizada por el destacado actor Buster Keaton. A esta película siguieron El hombre sin rostro (1950) de Juan Bustillo Oro, El monstruo de la montaña hueca (1956) de Ismael Rodríguez y Viaje a la luna (1957) de Fernando Cortes.

El productor y director americano George Pal hizo destacadas películas de ciencia ficción, comenzando con Detination Moon (1950) y siguiendo con When Worlds Collide (1951), War of the Worlds (1953) y The Time Machine (1960). Cada una de estas obtuvo un premio de la academia por sus efectos especiales. Otras películas estadounidenses de ciencia ficción filmadas en la década de los 50s incluyen: The Day the Earth Stood Still (1950), Forbidden Planet (1956) y The Invasion of the Body Snatchers (1956). En esa misma década, se filmaron en México: El hombre que logró ser invisible (1957) de Alfredo B. Crevenna, La momia azteca contra el robot humano (1957) de Rafael Portillo y La nave de los monstruos (1959) de Rogelio A. González.

Ya en las décadas de los 60s y los 70s, fueron aclamadas por el público y la crítica las películas estadounidenses: The Day of the Triffids (1963), Alphaville (1965), Fahrenheit 451 (1966), Fantastic Voyage (1966), Planet of the Apes (1968), The Andromeda Strain (1971), The Man Who Fell to Earth (1976) y Close Encounters of the Third Kind (1977). 2001: A Space Odyssey (1968) se convirtió en una de las películas de ciencia ficción más discutida y la saga de Star Wars (1977) se convirtió en uno de los mayores éxitos de taquilla de todos los tiempos.

En México, se filmaron durante esa misma época, las películas: Los astronautas (1960), Orlak, el infierno de Frankenstein (1960), Los invisibles (1961), Rostro infernal (1962), Aventura al centro de la tierra (1964), El asesino invisible (1964), El planeta de las mujeres invasoras (1965), Arañas infernales (1966), La isla de los dinosaurios (1966), Invasión siniestra (1968), Las luchadoras contra el robot asesino (1968), La mansión de la locura (1971); así como las películas de ciencia ficción de Santo: el enmascarado de plata y Neutrón: el enmascarado negro.

Películas posteriores como la saga basada en la serie televisiva de Star Trek, E.T. the Extra-Terrestrial (1982) y la secuela de la odisea del espacio, 2010 (1984), demostraron la popularidad de las películas de ciencia ficción que trataban acerca de la exploración espacial durante la década de los 80s. Sin embargo, hubo otras películas, con una visión más pesimista del futuro, como la saga de Mad Max (1979), Blade Runner (1982) y Brazil (1985). Es importante hacer notar que durante las décadas 70s y 80s, no se realizaron películas de ciencia ficción en nuestro país.

Las películas de ciencia ficción de los 90s en Estados Unidos incluyen: Total Recall (1990), Jurassic Park (1993), Twelve Monkeys (1995), Pi (1997) y Matrix (1998). Mientras que en México, el cine de ciencia ficción reapareció primero con los cortometrajes experimentales de La invasión de los monstruos del espacio (1990), Lluvia ácida (1990) y UFO (1990). Filmes a los que siguieron los largometrajes: Comando de la muerte (1990), El hijo del Santo en el poder de Omnicrón (1991), La tumba del Atlántico (1991), Retén (1991) y Katuwira, donde nacen y mueren los sueños (1994). Finalizando esta década, se realizaron dos excelentes películas dirigidas en el extranjero por los cineastas mexicanos: Guillermo del Toro, Mimic (1997) y Robert Rodríguez, The Faculty (1998).

6. Convenciones y premios de ciencia ficción en México

La ciencia ficción se ha hecho popular en México lo mismo que en todo el mundo.

Como una consecuencia, los escritores y aficionados organizan distintas convenciones y festivales de ciencia ficción desde 1986. Y desde 1984, la Secretaría de Cultura del Estado de Puebla convoca en forma anual al Concurso Nacional de Cuento Fantástico y de Ciencia Ficción, llamado Premio Puebla hasta 1997. Es a raíz de este Premio Puebla de Ciencia Ficción, que se realiza la primera convención nacional de autores de ciencia ficción ConPuebla, en 1986. Convención a la que siguió: ConLaredo en 199x.

Posteriormente, y de común acuerdo en estas convenciones, se funda la Asociación Mexicana de Ciencia ficción y Fantasía, o AMCyF, en 1991; organización que convoca al Concurso Nacional Kalpa de Cuento de Ciencia Ficción en forma anual desde 1992 (con una interrupción en 1995). Otra organización, el Círculo Independiente de Ficción y Fantasía, fundado en 1996, convoca anualmente al Festival Internacional de Ficción y Fantasía en Tlaxcala, desde 1997, y realiza distintas actividades que incluyen la presencia de autores en distintos eventos culturales de la capital y centro del país.

7. Ciencia Ficción en otros países latinoamericanos

La ciencia ficción escrita originalmente en español ha crecido lo suficiente en Latinoamérica para sustentarse por sí misma.

Países como Argentina, Brazil, Chile y Cuba no sólo consumieron, desde mediados de los 60s y hasta finales de los 70s, gran cantidad de traducciones provenientes de la ciencia ficción estadounidense y europea, sino que además, publicaron a sus propios autores, produjeron revistas y crearon asociaciones. De manera que fue creada una gran variedad de convenciones y revistas de aficionados alrededor de Latinoamérica.

Sin embargo, es en la década de los 80s cuando la mayoría de los latinoamericanos comienzan a caracterizar personajes hispanos y escenarios locales. Y si bien es cierto que no existe un manifiesto latino. Hay un cierto número de autores que incorporan bastantes elementos regionales o costumbristas en sus escritos. Estos elementos podrían ser: lenguaje, locaciones, nombres propios y referencias históricas. Lo cual, hace característicos sus escritos como parte de un movimiento fácilmente identificable en la ciencia ficción mundial.

Otra característica de la ciencia ficción latinoamericana, es la hibridación o mezcla del género, con otros como pueden ser el horror y la fantasía. Lo que resulta en una ciencia ficción blanda altamente influenciada por autores como Quiroga, Borges, y Cortázar. Ejemplos de este tipo de autores podrían ser: José Adolph de Perú, Luis Britto García de Venezuela y Alvaro Menén Deleal de El Salvador. Todos ellos, autores de historias que se caracterizan por introducir cuestiones metafísicas así como paradojas de identidad, tiempo y creatividad.

Del mismo modo, Philip K. Dick, quien está considerado como uno de los mejores autores de ciencia ficción en América latina, ha influenciado a distintos autores a reinterpretar su historia local, como podría suceder en las novelas Si Evita hubiera vivido (1990), escrita por el argentino Daniel Barbieri y La ética de Treason (1992) de Gerson Lodi-Ribeiro's.

Notas al pie

1. Formalmente, sólo puede considerarse a Manuel Antonio de Rivas como autor de protociencia ficción, ya que el resto de los autores que se mencionan, escribieron después de 1818, año en que se publica Frankenstein, o el Moderno Prometeo de Mary Shelley.

2. De los textos que se menciona fueron publicados en el semanario El Mundo, sólo puede probarse la publicación de La última guerra.

3.- Las novelas enumeradas no siguen ningún criterio de selección, se mencionan sólo títulos publicados en el período 1991-1999, con dos años de diferencia.