Panorama de la Ciencia Ficción Mexicana

Por: Miguel Ángel Fernández

La ciencia ficción mexicana tiene una larga, aunque discontinua historia, de más de doscientos años, que puede dividirse en cuatro etapas: 1) precursores (1775-1934), que comienza con el intento del fraile Manuel Antonio de Rivas por mezclar a Descartes y los Principia de Newton con el “Micromegas” de Voltaire, para imaginar un viaje a la Luna en un carro volador; continúa a lo largo del siglo XIX con diez cuentos cortos, la primera novela mexicana de ciencia ficción (Querens de Pedro Castera, 1890), los cuentos cortos del poeta Amado Nervo y la novela Eugenia (1919) de Eduardo Urzaiz, precursora de Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley; 2) primeras revistas especializadas con traducciones de ciencia ficción anglosajona, e incursiones eventuales de escritores del mainstream literario (1934-1964), destacando Diego Cañedo (seudónimo de Guillermo Zárraga), el más grande novelista de la ciencia ficción mexicana; 3) primera generación de autores mexicanos de ciencia ficción (1964-1984); y, 4) autores contemporáneos (1984 al presente). Hasta hace unos diez años, todavía se escuchaba a ciertos autores o investigadores que aseguraban que la ciencia ficción nunca había existido en este país; o que era tan poca y tan mala, que no valía la pena molestarse en leerla; o bien, que ellos habían dado inicio al género en México. Aunque existía la tesis doctoral de Ross Larson, publicada en forma de libro en 1977, con un capítulo sobre el tema –ignorada hasta 1997-, el principal obstáculo para estudiar la ciencia ficción mexicana ha sido siempre un problema de clasificación, ya que hasta la fecha los editores consideran un mal augurio publicar cualquier cosa bajo la etiqueta de “ciencia ficción”. En 1964, el chileno Alejandro Jodorowsky y el colombiano René Rebetez, dieron a conocer los dos únicos números de la revista de ciencia ficción surrealista, Crononauta, donde colaboraron varios autores mexicanos e hispanoamericanos. A Rebetez se debe incluso el ensayo La Ciencia Ficción: Cuarta dimensión de la literatura (1966), que publicó la Secretaría de Educación Pública y se utilizó como libro de texto en las secundarias oficiales. Gracias a este impulso, en los sicodélicos años sesenta, surgió también la primera generación de escritores mexicanos de ciencia ficción (Juan Aroca Sanz, Carlos Olvera, Agustín Cortés Gaviño, Jaime Cardeña, Antonio Sánchez Galindo, Arturo e Irene Gutiérrez y Jorge Tenorio).

Otra constante de la ciencia ficción mexicana, ha sido la publicación ocasional de cuentos y novelas por reconocidos autores de literatura general, como el Dr. Atl (Gerardo Murillo), Rafael Bernal, Juan José Arreola, Marcela del Río, Carlos Fuentes, Manú Dornbierer, María Elvira Bermúdez, Homero Aridjis, Hugo Hiriart, Guillermo Sheridan, Jorge Volpi y Paco Ignacio Taibo II.

Entre las décadas de 1970 y 1980, algunas revistas no especializadas publicaban en cada uno de sus números cuentos de ciencia ficción, principalmente de escritores extranjeros. Casi todas ellas estaban dedicadas a temas como ovnis y fenómenos paranormales. La única revista de prestigio que seguía esta línea, era Ciencia y Desarrollo, órgano de divulgación científica de una dependencia gubernamental: el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). A partir de 1983, Ciencia y Desarrollo cedió en forma exclusiva sus páginas de ciencia ficción a los autores de lengua castellana. No pasaría ni un año, cuando la propia revista y la representación del CONACYT en Puebla, gracias a los buenos oficios de Celine Armenta, convocaron al Primer Concurso Nacional de Cuento de Ciencia Ficción. El prestigio y la distribución nacional de Ciencia y Desarrollo, le dieron al premio Puebla y a la ciencia ficción mexicana la fuerza y difusión suficiente para dar origen a la generación actual. En la capital mexicana se fundó la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía en 1992, la cual ha celebrado hasta ahora tres convenciones nacionales, y entregó anualmente –hasta 1999- el premio Kalpa. Federico Schaffler, primer presidente de la AMCYF, logró reunir a 42 autores en su antología en tres volúmenes, Más allá de lo imaginado (1991, 1994). Fuera de la Ciudad de México hay que destacar algunas ciudades o regiones en donde la ciencia ficción ha presentado un desarrollo considerable.

Algunos estados de la frontera con los Estados Unidos han tenido mucha actividad desde la década de 1980. En Mexicali, Baja California, un autor, historiador y académico de la ciencia ficción tan prolífico como Gabriel Trujillo Muñoz, ha trabajado sin cesar para que se reconozca a esta corriente dentro y fuera del país, obteniendo el premio estatal de literatura (1990 y 1995), el segundo lugar ex aequo de novela corta de la Universidad Politécnica de Cataluña, España (1998) y el premio nacional de narrativa Colima (1999), todos ellos con ensayos y novelas de ciencia ficción. Además, también en Baja California, el Centro Cultural Tijuana publica desde hace unos años la colección de libros Yoremito, programa editorial para difundir el trabajo de autores que residen al norte de México, donde no han faltado los títulos de ciencia ficción.

En Monterrey, capital de Nuevo León, se formaron a comienzos de los noventa varios escritores jóvenes en varios talleres literarios, algunos con premios nacionales y estatales (v.gr. Jorge Chípuli e Isidro Ávila), pero que al presente se encuentran dispersos.

Tamaulipas es uno de los principales productores de la ciencia ficción mexicana de nuestros días. En Ciudad Victoria, José Luis Velarde y Guillermo Lavín fundaron en 1985 la multipremiada revista de literatura general A Quien Corresponda (que ha celebrado concursos internacionales de cuento y lleva más de cien números publicados), en cuyas páginas aparecen con frecuencia cuentos y números especiales dedicados a la ciencia ficción. En Nuevo Laredo, Federico Schaffler lanzó otra revista de literatura fantástica Umbrales (50 números desde 1992), que ha recibido más de un reconocimiento a nivel nacional, y con ayuda de los alumnos de su taller literario, Schaffler publicó la colección de libros Terra Ignota. Al sureste de la altiplanicie mexicana, Puebla continúa como la sede anual del concurso nacional de cuento de imaginación científica, abierto igualmente desde 1998 a los autores de fantasía. José Luis Zárate Herrera y Gerardo Horacio Porcayo Villalobos, dos incansables promotores y prolíficos autores que han logrado distinciones por su obra de ciencia ficción dentro y fuera del país, fundaron hacia 1984 el Círculo Puebla de Ciencia Ficción y Divulgación Científica. A partir del año pasado, Zárate y Porcayo, junto con la artista plástica Ernestina González y los foros de discusión por correo electrónico CFM y Goliardos, eligen a los ganadores del premio Sizigias –así nombrado por el título del primer cuento de la ciencia ficción mexicana-, otorgado a lo más destacado en la denominada literatura de géneros alternativos, esto es, la literatura fantástica en sus principales manifestaciones.

La capital de Tlaxcala celebra desde 1997 el Festival Internacional de Ciencia Ficción y Fantasía, gracias al apoyo de Alejandro Rosete Sosa, de la Universidad Autónoma de Tlaxcala y del Proyecto Goliardos. El estado de Yucatán y su capital, son el punto de partida de la ciencia ficción mexicana, pues en el convento de San Francisco de Mérida (hoy Museo de Antropología), el errabundo fraile Rivas escribió el primer cuento de esta literatura en 1775; Gerónimo del Castillo Lenard publicó el segundo cuento del siglo XIX (1849), y Eduardo Urzaiz, la primera novela del siglo XX (1919).

En la ciudad de México se concentran la mayoría de las editoriales y eventos relacionados con la ciencia ficción. Aunque no nació aquí esta literatura en el país, gran parte de los autores de los siglos XIX, XX y XXI, se han dado a conocer publicando en esta capital. Aquí aparecieron también las primeras revistas profesionales y semiprofesionales de ciencia ficción (Emoción en la década de los treinta; Los Cuentos Fantásticos, en los cuarenta; Ciencia y Fantasía, Enigmas y Fantasías del Futuro, en los cincuenta; Crononauta, en los sesenta; Espacio y Kosmos2000 en los setenta; y Asimov Ciencia Ficción en los noventa; a ellas hay que añadir la revista Equipo Mensajero, así como los fanzines ¡Nahual! y Sub, este último reconocido a nivel internacional por su diseño). Entre 1995 y 1997, se celebró la Convención de Ciencia Ficción, Cómics y Fantasía (MECYF), cuya organización corría a cargo de la editorial VID, que lanzó al mercado la colección de libros MECYF y convoca anualmente al concurso internacional de ciencia ficción y literatura fantástica para escritores de habla hispana.

Entre 1999 y 2001, la editorial Selector publicó varios títulos de imaginación científica para el público infantil en su colección ¡Que la fuerza te acompañe!. José Luis Trueba dirigió, entre 1998 y 1999, la colección de literatura fantástica de Times Editores. En los años 2000 y 2001, Gonzalo Martré estuvo a cargo de La Tinta Indeleble, sello editorial donde nunca faltaron los títulos de ciencia ficción. H. Pascal fundó en 1998 el Círculo Independiente de Ciencia Ficción y Fantasía (CIFF) y el proyecto editorial Goliardos, dio vida al fanzine Azoth, después lanzó la colección Terra Virtual junto con la editorial Ramón Llaca, las micronovelas Azoth y, recientemente, las plaquettes y libros Goliardos, casi siempre en coedición con la Universidad Autónoma de Tlaxcala y otras instituciones culturales, con las que Goliardos organiza múltiples festivales –nacionales e internacionales- en la ciudad de México, Tlaxcala y Puebla. H. Pascal también reúne, desde 1999, a los miembros del CIFF y el proyecto editorial Goliardos para elegir a los candidatos y ganadores de los premios internacionales Goliardos, que buscan reconocer no solamente la creación literaria, sino por igual a lo más destacado en la investigación y estudio de la literatura fantástica. La ciencia ficción mexicana ha sido representada por diferentes autores en eventos internacionales, siendo los principales la CONSUR (Buenos Aires, Argentina, 1991) y el Festival Utopiales de Nantes, Francia (2001).

ACADEMIA E INVESTIGACIÓN

Jorge Cubría, escritor y académico, impartió en la década de 1990 un curso sobre ciencia ficción en la Universidad Iberoamericana; a partir de 1997, Ricardo Bernal y Alberto Chimal, entre otros, imparten un curso-diplomado de literatura fantástica y sus diversas ramas en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Miguel Ángel Fernández Delgado participó en el proyecto Innovative Technologies from Science Fiction for Space Applications (ITSF) de la Agencia Espacial Europea (ESA) y entregó un reporte sobre la ciencia ficción mexicana en febrero del 2001.

Hasta ahora, el estudio más completo sobre la ciencia ficción mexicana es el capítulo IV de la tesis doctoral de Ross Larson, Fantasy and Imagination in the Mexican Narrative (1977), aunque omite algunas novelas y por completo las revistas, y abarca la producción de México hasta 1973. Gabriel Trujillo ha publicado dos estudios, Los Confines (1999) y Biografías del Futuro (2000), de gran utilidad, sin embargo, también incompletos y en los que no quedan claros los criterios seguidos por su autor para distinguir la literatura de ciencia ficción de otros géneros emparentados. Ramón López Castro dio a conocer en el 2001 su Expedición a la Ciencia Ficción Mexicana, en el que faltan asimismo títulos y autores, y solamente es de cierta utilidad para los años 1984-2000. Hasta ahora, la fuente más completa y confiable para el estudio de la ciencia ficción mexicana es la página web CFM: www.ciencia-ficcion.com.mx