Una década de ficción

Por: Gabriel Trujillo Muñoz

Éstos son los 10 libros esenciales de la ciencia ficción mexicana entre 1990 y 2000

1. Los mejores cuentos de magia, misterio y horror (1990) de Alfredo Cardona Peña. Cinco años antes de su muerte, Cardona Peña, autor costarricense afincado en México desde su juventud, reúne en un solo volumen sus cuentos fantásticos y de ciencia ficción. Este libro es el canto de cisne de la generación que se da a conocer a mediados del Siglo 20 y que representa, para México, la ciencia ficción dura, tecnológica, a la Arthur C. Clarke e Isaac Asimov.

2. Más allá de lo imaginado (1991), antología de la ciencia ficción contemporánea recopilada por Federico Schaffler. Si el libro de relatos de Cardona Peña cierra una etapa de la ciencia ficción mexicana, una forma de asumir, racional y humanísticamente, el porvenir, Más allá de lo imaginado es el anuncio de que la generación de los años 80, la del Premio Puebla de Ciencia Ficción, ha tomado la estafeta. Con esta antología (entre 1991 y 1994 aparecerán tres tomos de la misma), harán su debut muchos autores que están a la búsqueda de nuevas temáticas y estilos narrativos en boga (cyberpunk, steampunk, ciencia ficción políticamente correcta). Con esta obra, el panorama se abre a toda clase de invenciones/imaginaciones que habrán de estallar a lo largo de la última década del Siglo 20.

3. 2035: Mission to Mars (1991), de Rodolfo Neri Vela. El primer astronauta mexicano (y hasta hoy el único) se ha dedicado a la difusión y divulgación de la ciencia y a la creación de relatos infantiles sobre la aventura espacial. En esta obra, escrita primeramente en inglés para alcanzar una mayor audiencia, Neri Vela logra satisfacer los elementos científicos y narrativos de su relato al dosificar ambos de una manera eficaz y placentera. Si a la ciencia ficción se le ha encasillado como literatura infantil en numerosas ocasiones, con 2035: Mission to Mars es un honor darle tal apelativo.

4. La destrucción de todas las cosas (1992), de Hugo Hiriart. De todos los autores del mainstream literario que han incursionado en la ciencia ficción, Hiriart es quien ha logrado sortear mejor las aguas turbulentas de esta literatura al escribir una novela con humor negro y con la mejor "mala leche" del mundo. La obra relata una segunda conquista de México y esta vez son extraterrestres (que se comportan como ejecutivos de una megacorporación) y no son españoles los que nos invaden. Antes de que Tim Burton filmara Marte ataca he aquí una invasión de las buenas en un país donde la ineptitud y el descaro pueden ser puertas a la salvación. No de la nación mexicana, por supuesto, sino del pellejo propio. Faltaba más.

5. La primera Calle de la Soledad (1993), de Gerardo Horacio Porcayo. Por el sólo hecho de ser la primera novela cyberpunk mexicana, esta novela merecería su inclusión en esta lista, pero La primera Calle de la Soledad es una de las narraciones más legibles y de creciente interés mientras va desarrollando, con colmillo narrativo, sus rocambolescos episodios de capa y espada en el universo cyber. Porcayo se volvió, a sus 25 años, un clásico instantáneo. En 1997, la editorial VID sacó una segunda edición que ha mantenido a esta opera prima en el candelero de la ciencia ficción latinoamericana.

6. Tiempo lunar (1993), de Mauricio Molina. Novela donde el apocalipsis contrae una deuda con la escatología prehispánica. Es la primera obra y la que mezcla mejor los elementos indígenas de nuestro pasado con una visión futurista de la Ciudad de México. En ella, Molina puso, en un equilibrio perfecto, las especulaciones psicológicas (la soledad, la alienación del individuo en las grandes urbes) con la tiniebla absoluta a la Cthulhu. El terror como una ciudad que es, en su totalidad, una inmensa, sangrienta, piedra de los sacrificios.

7. Frontera de espejos rotos (1994), compilada por Mauricio-José Schwarz y Don Webb. Si Más allá de lo imaginado demostró que la ciencia ficción mexicana no era golondrina de verano, sino un movimiento creativo en marcha, la antología de Schwarz y Webb hizo ver que la estrecha relación entre la ciencia ficción estadounidense y la mexicana tenía que ver tanto con la cercanía geográfica entre ambos países como con los contactos personales entre los autores nacionales y sus vecinos del norte. Recuérdese que, en la conciencia del país, los Estados Unidos siguen siendo tanto una amenaza latente como un ejemplo a seguir. Un futuro que se desea y se teme al mismo tiempo.

8. Gente del mundo (1998), de Alberto Chimal. Esta narración inaugura una ciencia ficción hasta entonces ausente del panorama nacional: una literatura altamente especulativa que se disfraza de antropología fantástica (a lo Italo Calvino de Las ciudades invisibles o a los relatos de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar) para revelarnos, con puntillosa expresividad y bajo las normas de historia natural del Siglo 18, los entretelones del resto de las razas de una humanidad antigua, actual y futura. Un ejercicio imaginativo de primera línea.

9. Hyperia (1999), de José Luis Zárate. En esta colección de cuentos, Zárate consigue unir los géneros periféricos de la literatura nacional (el horror, la fantasía y la ciencia ficción) en textos que se dejan leer con placer y con asombro. Zárate se ha vuelto, para la generación más joven, un estilista que sabe crear atmósferas, escenarios y personajes con frases cortas, pero contundentes. Sus mundos son una mezcla de acción, meditación y júbilo narrativo.

10. Pisot. Los dígitos violentos (2000), de Isaí Moreno Roque. Esta novela es una vuelta de tuerca a los temas clásicos de la ciencia ficción. Como en la película Cronos, de Guillermo del Toro, una antigua búsqueda esotérica en la época de la colonia española en México, desemboca en un misterio matemático que engulle a todo aquel que pretende acceder a su conocimiento, obtener su poder. Ciencia ficción a la vez metafísica y matemática. El hipertexto que nos guiña su ojo digital. Es decir: sus números binarios. Con Pisot, la ciencia ficción mexicana entra de lleno en una nueva etapa, en un milenio donde todo axioma es posible y toda certeza no pasa de probable. Steampunk al que la Inquisición le va pisando los talones.